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viernes, 14 de diciembre de 2012

México: El emprendedor que quiere transformar el aire en riqueza

Origen: El Financiero, México

Turbinas generadoras de energía eólica en Oaxaca.

Turbinas generadoras de energía eólica en Oaxaca.Cuartoscuro

Sergio Oceransky, fundador de la empresa social Yansa, quiere crear el primer proyecto comunitario de producción de energía eólica en México, que generaría 30 millones de pesos al año para habitantes de Ixtepec, en Oaxaca.  Pero las autoridades aún no le dan luz verde.

Por: Roberto Arteaga

En Oaxaca, además de su cultura y hermosos paisajes, hay una riqueza que no se ve, pero es real: el aire. Un hombre quiere atrapar esa riqueza para generar electricidad, dándoles a las poblaciones indígenas su administración, y convertirlas así en impulsoras de la transición energética del país.

Sergio Oceransky, director y fundador de la empresa social Yansa, de la asociación internacional de emprendedores Ashoka, pretende llevar a Ixtepec financiamiento para construir un parque de energía eólica. Después, quiere ofrecer la capacitación para que sean sus propios habitantes quienes operen la planta y se beneficien con las ganancias, mejorando las condiciones de vida de su comunidad. La planta dejaría una derrama económica de 30 millones de pesos al año a la gente de Ixtepec.

Al darle la administración de la planta de energía eólica a sus habitantes originarios, se evitan los conflictos comunitarios en las zonas en donde se instalan los parques eólicos y se genera riqueza para las poblaciones, que da pie a proyectos sociales.

“Existen una serie de potencialidades dentro de la energía renovable que hacen posible que sea liderado por las comunidades más marginadas históricamente”, dice Oceransky.

El proyecto eólico de Ixtepec requiere de una inversión, de acuerdo con Oceransky, de 200 millones de dólares (mdd), con una capacidad de producción de 100 megavatios.

Hay experiencias exitosas en todo mundo. Por ejemplo, el parque eólico de Middelgrunden en Copenhague, Dinamarca, en donde la población invierte sus ahorros y obtiene ganancias de la producción de energía eólica: 50% de la inversión pertenece a cerca de 10,000 inversores de la Cooperativa de Turbinas Eólicas, mientras que el porcentaje restante proviene de la empresa de servicios públicos municipales.

En México, con el apoyo de los pobladores de la región de Ixtepec, Oceransky ya inició las negociaciones con la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y la Secretaría de Energía (Sener) para obtener una licitación, con el fin de establecer la primera planta eólica comunitaria en el país, pero, hasta el momento, las autoridades no han permitido su establecimiento.

Cuna emprendedora

Desde su nacimiento, Sergio Oceransky heredó el emprendedurismo social como una forma de vida. Su madre, de origen mexicano, ha sido activa promotora de los derechos de las mujeres, lo que la convirtió en la fundadora del primer refugio para mujeres maltratadas en Asturias, España, de donde es su padre.

Con este ejemplo, Oceransky trabajó por varios años en proyectos sociales en zonas de América Latina y el Norte de África. Su paso por esas zonas y su experiencia profesional, le permitieron darse cuenta que la transición energética de los combustibles fósiles a las energías limpias ofrecía una oportunidad de desarrollo a las comunidades.

“Es uno de los sectores en donde se está produciendo un cambio sistémico a un nuevo modelo energético”, dice Sergio Oceranzky.

Para lograr su proyecto, se dio a la tarea de buscar modelos comunitarios en la producción de energía eólica, por lo que decidió viajar a Dinamarca, en donde coordinó el Instituto Mundial de Energía Eólica (WWEI, por sus siglas en inglés) de 2006 a 2008.

Su trabajo consistió en coordinar las labores de capacitación técnica de las comunidades que deseaban llevar a cabo sus propios proyectos eólicos en sus lugares de origen.

‘El güero loco’

A principios de 2007, un viaje familiar lo trajo a México. Al escuchar las noticias nacionales, se enteró de los conflictos de algunos pueblos indígenas en Oaxaca, que impedían el establecimiento de plantas eólicas por parte de algunas empresas. Así que tomó la determinación de viajar al Istmo de Tehuantepec para enterarse de la problemática.

La zona de Istmo es considerada una de las mejores zonas para producir energía eólica, con una dirección del viento sensiblemente fija, cuya capacidad instalable es de 33,200 GW en 6,637 Km2. Esta zona, de acuerdo con estudios de la National Renewable Energy Laboratory, cuenta con una dirección de viento “excelente”.

“Me encontré con un contexto en donde las comunidades estaban protestando y estaban bloqueando físicamente la construcción de procesos eólicos, porque habían sido completamente excluidas”, recuerda Oceransky.

Aunque tocó de puerta en puerta para invitar a la gente a su proyecto, no encontró respuesta. Tiempo después, en el momento menos pensado, la idea se encendió de nuevo:

“Una vez, por casualidad, una de las personas con las que había hablado, se encontró en un autobús con alguien de la comunidad de Ixtepec, Oaxaca, y se pusieron a platicar sobre estos temas. Le dijo la persona de Ixtepec que ellos querían un parque eólico, pero querían que fuera comunitario y el otro le dijo: ‘Por ahí anda un güero loco que dice que eso se puede hacer’. Y fue así como se pudo hacer la conexión”, cuenta Sergio.

Cuando Oceransky y habitantes de Ixtepec llevaron su proyecto a la CFE, la gente de la paraestatal los tomó por ‘locos’. Por eso, decidieron presentarlo ante Jordy Herrera, quien en ese entonces se desempeñaba como subsecretario de Planeación Energética y Desarrollo Tecnológico de la Sener.

El funcionario se mostró entusiasta, por lo que los pobladores de Ixtepec siguieron adelante con el proceso para obtener la licitación y continuar con el proyecto.

Proyecto en el ‘aire’

La buena estrella de Oceransky y la comunidad se terminó pronto. Las condiciones del gobierno para obtener una concesión se volvieron interminables. Uno de los requisitos más difíciles de cumplir fue la presentación de estados financieros auditados que demostraran la posesión de 50 millones de dólares de capital contable. Ese dinero, cuenta Sergio, es imposible de obtener de parte de los inversionistas, sino hasta después de la firma del contrato y con la seguridad de tener la concesión en la mano.

Por si fuera poco, se quedaron sin el apoyo de Jordy Herrera. “Al principio, nos dijo: ‘Esto está a todo dar, por supuesto que sí les daremos contrato especial’. Pero luego se lo llevaron a Pemex”, recuerda Oceransky.

Hasta el momento, en el Istmo de Tehuantepec se encuentran instalados 14 parques eólicos. Además, se construyen otros 4 desarrollos que se espera inicien operaciones este 2012, mientras que en 2013 se proyecta la construcción de 3 plantas más.

El parque comunitario de Ixtepec es el primer proyecto de Yansa en el que se ha concluido la fase de desarrollo, es decir, el estudio del potencial eólico, estudios de impacto ambiental y acuerdos con la comunidad.

“Para el proyecto de Ixtepec, ya contamos con inversionistas para cubrir el capital de riesgo, y la parte de deuda no es problema, para esto hay un mercado sofisticado en el que podemos participar. Para tener acceso a ambos tipos de inversión, es necesario tener acceso a un contrato (Power Purchase Agreement o PPA) de largo plazo y en buenas condiciones, pues ningún inversionista va a poner el dinero en disposición antes de contar con el PPA como garantía”, dice Sergio.

Alejandro Peraza García, director general de Electricidad y Energías Renovables de la Comisión Reguladora de Energía (CRE), opina que las autoridades no se oponen a un proyecto social que beneficie a las comunidades: “Mientras estén garantizadas las condiciones del proyecto, su eficiencia, el manejo efectivo de los recursos que se ocupen, por supuesto que estamos de acuerdo.”

Oceransky no se desanima. “Mucha gente me dice: ‘Estás loco, esto en México no se va a poder’. Pero yo sí pienso que se va a poder algún día”, dice. Por el momento, el primer proyecto eólico comunitario de México sigue en el ‘aire’.

 

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