Agosto 25, 2010 — 03:34 pm
Un llamado a la Acción: Una Visión para el Desarrollo Rural con Enfoque de Mercado
Uno de cada cinco mexicanos vive en pobreza rural. Ellos carecen de insumos y difícilmente son sujetos de crédito, que podría detonar mejoras en su ingreso y en su productividad. La mitad de las huertas del país se usan para cultivos de subsistencia. Más de 2 millones de productores tienen menos de 5 hectáreas, y para poder tener alguna oportunidad de acceder al mercado dependen de "coyotes" que mal pagan sus cosechas y de los subsidios del gobierno.
Nunca antes se ha presentado mejor oportunidad para cambiar esta realidad; algunas empresas han integrado a las poblaciones de bajos ingresos en sus cadenas de valor y visualizan este segmento como un mercado amplio y desatendido, aún cuando ha sido siempre catalogado como sinónimo de riesgo.
Al mismo tiempo las organizaciones del sector social (OSC) están buscando maneras para volverse autosustentables y así aumentar su impacto social.
Aun así, el hecho de que los dos sectores reconozcan el mérito en las fortalezas del otro, no garantiza la solución. Para aumentar las ganancias y la calidad de vida de las zonas rurales, empresas y OSC's deben de tomar acciones concretas, juntando aprendizajes para crear nuevas fuentes de valor social y económico, al tiempo que transforman los mercados. Las poblaciones rurales necesitan varios productos y servicios, como fertilizantes, semillas, tecnología de riego y maquinaria para acceder al mercado, seguros agrícolas y acceso a crédito.
El Taller de Innovaciones en las Cadenas de Valor Rurales, recientemente organizado por Ashoka en colaboración con Fundemex y con el apoyo de la top Business School en México IPADE, mostró ocho casos pioneros en este sector. Desde Aires de Campo, empresa que ayuda a pequeños agricultores a certificarse orgánico y les brinda acceso a mercado; Frogtek, cuyas aplicaciones móviles permiten que cooperativas administren sus procesos de certificaciones o el control de plagas; o Cuadritos Biotek, empresa que transforma la pasta de soya en productos de bajo costo con alto valor proteico, distribuidos en zonas de remota pobreza; y Banamex Acción, que ha adaptado sus criterios de selección y flexibilizado sus procesos para brindar crédito a pequeños agricultores.
Para detonar los mercados mencionados y aumentar la calidad de vida que genera el desarrollo económico traducido en desarrollo social a nivel comunitario, los emprendedores sociales fungen un rol crítico. Ellos lo logran gracias a que organizan a los pequeños agricultores, agregando la demanda para que las pequeñas transacciones sean financieramente sustentables, promoviendo el uso de mejores sistemas de riego para pequeños agricultores que a veces son reacios al cambio y no visualizan los beneficios de invertir en sus huertas (como la labor que realiza el Fellow de Ashoka Arturo García de RASA), brindando desarrollo de capacidades para mejorar la producción, estándares de calidad y empaque, y creando un marco de integridad para combatir la corrupción como lo que está impulsando Transparencia Mexicana.
Estos ejemplos abrieron un diálogo orientado en la acción durante el taller, con el objetivo de incitar la innovación y maximizar sinergias entre los más de 65 emprendedores sociales, empresarios y otros aliados convocados. Al terminar, los propios participantes lanzaron su propio "call to action".
Andrea Ortíz, gerente de Fundación Wal - Mart de México, comentó: "La tarea está definida ya en el pizarrón, porqué no empezamos a volverlo realidad, dejemos de tomar pasos separados hacia una misma meta, toca trabajar juntos".
Uno de los retos a los que se enfrentan los más de 20 millones de personas que viven en pobreza rural en México es que más de la mitad son ejidos (tierra de propiedad colectiva), que no puede usarse como garantías, paralizando el proceso para obtener un crédito. En vez de obtener préstamos, los pequeños agricultores dependen de subsidios de gobierno que limita su capacidad emprendedora, vuelve más lento su acceso a mercado y vuelve dependientes de intermediarios. La baja calidad de insumos aumenta el uso de fertilizantes, que causa el 40% de sus costos y que desgastan y contaminan sus tierras, que son de por sí poco fértiles.
Juntos, empresas y organizaciones sociales pueden cambiar esta realidad, reconociendo sus respectivas fortalezas para construir un nuevo paradigma socio-empresarial, enfocándose en cómo se puede compartir la generación valor a lo largo de la cadena de valor. Empresas, bancos y compradores agrícolas tienen la infraestructura, tecnología, inversión y capacidad operativa para ayudar a que las OSC's puedan volver la pequeña agricultura sostenible; al tiempo que las organizaciones sociales cuentan con la confianza de las comunidades, conocimiento del mercado y servicios complementarios que son necesarios para organizar a los agricultores para crear nuevos mercados y economías de escala. Algunas de las fortalezas del sector social que los participantes resaltaron durante el taller incluyen, su visión holística del negocio, más apertura para compartir información y mayor convicción por su trabajo, lo que mitiga el riesgo. El resultado es un modelo de Cadena Híbrida de Valor que brinda a las comunidades rurales, productos y servicios, al tiempo que se beneficia a cada actor de la cadena.
"Ya no debemos de considerar modelos de negocios que no incluyan la cooperación entre sectores" mencionó Hugo Araujo, Director Fundador de Sustentavia. "Ya no es opción; debemos de construir nuevos modelos basados no en la competencia, sino en la cooperación".
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