Nota del Editor: Este post fue publicado inicialmente en el Digital Development Debates, una publicación del Deutsche Gesellschaft für Internationale Zusammenarbeit (GIZ) GmbH. La versión en inglés puede leerse por aquí . Agradecemos a Asaía Palacios y a Diana Cárdenas, voluntarias de NextBillion en Español, por su colaboración en la traducción de este artículo.
¿Qué comparten Greg van Kirk, Tri Mumpuni, David Kuria y Moses Musazi? Probablemente muchas cosas, pero la más relevante es que los cuatro - como todos los miembros del Grupo Impacto Comunitario para el Desarrollo (Community Impact Development Group o CIDG en sus siglas de inglés) - están llevando a cabo soluciones innovadoras y eficaces para el suministro energético, la salud, y las condiciones sanitarias en comunidades desfavorecidas. Éstas soluciones no son de corto plazo; son sistémicas - cambian las reglas del juego al transferir el poder a aquellas comunidades.
¿Cómo lo logran? Las soluciones son diseñadas y puestas en práctica en conjunto con las comunidades, garantizando un empoderamiento a largo plazo. Posibilitan el acceso a nuevas tecnologías críticas que mejoran el bienestar de las personas, a través de un abordaje de mercado que, por una parte estimula las economías locales - generando nuevos activos y oportunidades empresariales -, y por otro garantiza la viabilidad económica de los modelos, haciéndolos escalables o replicables en otras regiones.
Electricidad a través de emprendimientos tecnológicos
Tri Mumpuni trae electricidad a comunidades rurales en Indonesia, en donde 110 millones de habitantes de una población total de 240 millones aún no tienen acesso. ¿Cómo es que IBEKA , su organización, logra esto? Junto a las comunidades, construye micro plantas de energía hidráulica que van más allá de proveer energía eléctrica y contribuyen a liberar el potencial de la economía local. Plantas pequeñas de 0.5 MW no conectadas a la red aumentan la productividad local (industria agropecuaria, por ejemplo), y plantas más grandes de 2 MW permiten que una comunidad venda electricidad a la red nacional de energía y se beneficie de un flujo de ingresos mensual. En ambos proyectos, IBEKA facilita la creación de una cooperativa local y proporciona tecnología y capacitación para operar el sistema; los ingresos se reinvierten en proyectos de desarrollo local prioritarios, tales como el mejoramiento de la infraestructura, seguros de salud o becas escolares para la primaria.
Un "centro comercial de baños"
De manera similar, en Kenya, donde se calcula que el 69% de la población no tiene acesso a un baño fiable o letrina, David Kuria ha creado el Ikotoilet, un "centro comercial de baños" que incorpora a las instalaciones de inodoros y duchas, otros servicios como puestos de comida y bebida, reparación de zapatos o cabina de teléfonos. Esta combinación logra eliminar el estigma con el que en Kenya se asocia a los sanitarios, tanto para los usuarios como para los emprendedores que administran el servicio. Es a la vez un incentivo poderoso para que la gente los utilice, y crea oportunidades de emprender para jóvenes. La comunidad local participa en el diseño de las instalaciones, para garantizar que cumplan con sus expectativas. Los usuarios pagan una cuota simbólica por los servicios, y la viabilidad económica del modelo depende de otros ingresos, como patrocinadores corporativos que colocan anuncios en las instalaciones, o el procesamiento de orina a urea para abono orgánico. De este modo, Ikotoilet no sólo está poniendo en movimiento nuevos estándares en servicios sanitarios y generando una nueva cultura de higiene; también está logrando posicionar a los servicios sanitarios como una industria en la que se puede invertir.
Por qué las toallas sanitarias aseguran la asistencia a la escuela
Moses Musazi, ingeniero de profesión, descubrió que las niñas en Uganda abandonan la escuela porque no tienen acceso a toallas sanitarias o no saben cómo manejar el tema de su menstruación adecuadamente. La vergüenza, el miedo a la burla y la exclusión social las fuerzan a ausentarse de las clases cada vez que atraviesan por su período menstrual. Eventualmente, esto conduce a que abandonen la escuela y, con frecuencia, son forzadas por sus familias a contraer matrimonios anticipados. La mitad de la población de Uganda - 17 millones - son mujeres, y 70% de ellas viven con menos de un dólar al día. Moses investigó y testeó la tecnología de las toallas sanitarias, y diseñó un modelo accesible y ambientalmente amigable a base de papiros. Es 95% biodegradable y cuesta el 50% menos que la marca más barata en el mercado.
Además, la producción de toallas genera empleo en la comunidad local, que puede fabricarlas en sus propias casas porque Moses invierte en la construcción de pequeñas máquinas de procesamiento manual. Para ponerlo en perspectiva, una inversión de USD 20,000 dólares posibilita el acceso a toallas sanitarias a 19,000 alumnas y brinda empleo a 130 personas de bajo ingreso en Uganda. Moses planea llegar a otros países de Africa oriental e incluir pañales biodegradables en la línea de productos.
Nuevas oportunidades de negocio para mujeres en las aldeas
Greg van Kirk ha creado el modelo MicroConsignación, un salto del más conocido microfinanciamiento, que permite la distribución de productos críticos - como lámparas solares, lentes para leer, purificadores de agua o estufas económicas - en comunidades rurales aisladas en América Latina. Cómo funciona? Los emprendedores locales -en general mujeres - reciben entrenamiento en ventas y productos -que no tienen que pagar sino una vez que los han vendido-. A diferencia de otras soluciones similares, como las microfranquicias, Community Enterprise Solutions [4] fondea el capital de trabajo de los emprendedores, y asume el riesgo de inventario no vendido.
Por lo tanto, el único riesgo que asumen las emprendedoras es el de su trabajo, o "sweat equity". Además, las mujeres tienen la posibilidad de convertirse en copropietarios y gerentes de la compañía local, y a su vez capacitan a otras personas para que se incorporen en el sistema. La MicroConsignación abre nuevas oportunidades de negocio para mujeres de aldeas rurales, mientras que proporciona a sus vecinos el acceso a bienes que contribuyen a que sus vidas sean más sanas y más productivas. El modelo se originó en Guatemala, y ahora ha expandido a Nicaragua, Ecuador, Argentina y Perú.
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