Enero 31, 2012 — 07:01 am
Inditex, Goldcorp, Nike, Chevron, Yahoo, Victoria Secret, Nokia o la idolatrada Apple de Steve Jobs. Todas ellas pertenecen al no muy selecto club de empresas multinacionales acusadas de abusos a los derechos humanos.
Parece mentira pero en los albores del siglo XXI existen todavía infinidad de abusos a los derechos humanos. En la edad del iphone, internet y Lady Gaga el trabajo forzado, la discriminación de genero, la censura y el trabajo infantil siguen al orden del día. Hasta aquí podríamos decir que "business as usual". Pero cual es la novedad entonces?
En 1948, fecha de redacción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el mundo salía de los horrores de la segunda guerra mundial y urgía establecer mecanismos para evitar futuras catástrofes similares. Por aquel entonces las naciones y los estados habían sido históricamente los principales perpetradores de los abusos a los derechos humanos. Así pues, hacia ellos se dirigía la misiva.
Con el advenimiento de la globalización asistimos al retroceso gradual de los poderes absolutos de los estados frente a las omnipresentes corporaciones multinacionales. Con dicho retroceso viene también un cambio de papeles. Son cada vez más las grandes multinacionales, y en menor medida los estados, las protagonistas directas, o indirectas, de los abusos a los derechos humanos, solo hace falta ver la larga lista de ejemplos.
En 2005 el Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annan, designó al profesor de Harvard John Ruggie como Representante Especial del Secretario General de las Naciones Unidas en Derechos Humanos y Empresas (SRSG). Después de más de 5 años de trabajo y consultas el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas aprobó la propuesta de Ruggie de Principios Rectores sobre las Empresas y los Derechos Humanos en Junio de 2011. En ella se detallan 3 principios básicos:
- El deber de los estados de proteger los derechos humanos
- El deber de las empresas a respetar los derechos humanos
- La necesidad de proveer a los perjudicados de mecanismos para remediar y compensar cualquier daño sufrido.
Estas tres premisas básicas han generado un gran debate entre la academia y la reacción de destacadas ONGs especializadas. Y más aún cuando el SRSG apunta a que en ningún caso es obligación de las organizaciones empresariales el promover o proteger activamente los derechos humanos. Y es aquí donde entran en juego los negocios inclusivos.
Ruggie identifica los negocios inclusivos (punto 62) como oportunidades comerciales que responden a necesidades básicas [...]que pueden contribuir al goce de los derechos humanos. También argumenta que los negocios inclusivos son una herramienta voluntaria que permite a aquellas empresas que así lo deseen poder ir más allá de sus deberes de respetar los derechos humanos para pasar a promocionarlos activamente a la vez que se obtiene un beneficio económico de ello.
A mi modo de ver, la mención de los Negocios inclusivos por parte de Ruggie, es cuanto menos poco afortunada. Como he argumentado al principio, los derechos humanos son un tema de candente actualidad en el panorama social-empresarial y se intuye fácilmente que los negocios inclusivos pueden jugar un papel relevante en el mismo. El problema radica en plantear los negocios inclusivos simplemente como un instrumento al servicio de objetivos empresariales. La manera en que se expresa John Ruggie, suena a responsabilidad social corporativa vacía, recuerda al típico evento de relaciones públicas perecedero.
La perspectiva de los derechos humanos ofrece unos cimientos sólidos donde el punto de salida es el de la dignidad del individuo como ser humano. Es desde esta perspectiva que los negocios inclusivos pueden hacer un buen trabajo. Las empresas transnacionales, unos de los agentes más poderosos de nuestra sociedad, deben jugar un rol preponderante en los derechos humanos. Para ello pueden valerse de los negocios inclusivos si lo desean, claro está. Aunque, atención, el foco de atención de los negocios inclusivos, sin embargo, debe de estar en las personas y su dignidad, no en las empresas.
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