Nota del Editor: Este articulo fue publicado originalmente en el Especial Microfinanzas y Ética del Banco Interamericano de Desarrollo. Sus autores son Diego Fonseca y Raimundo Díaz.
¿Quién fue culpable de las hipotecas tóxicas en Estados Unidos: el gobierno, los fondos de inversión, los agentes financieros, los hipotecados? ¿Todos? Cada vez más analistas se ajustan a la idea de que una combinación de factores -codicia, regulaciones muy laxas, escasa supervisión, una cultura de consumo insana, entre otros- están en el fondo del asunto.
¿Habrá que hacerse la misma pregunta en referencia a la crisis de las microfinanzas que hoy vive India? Las complicaciones en India saltaron con fuerza a la luz cuando clientes de institucibloones microfinancieras (IMF) de Andra Pradesh, en el sur del país, dejaron de pagar sus créditos, sobre endeudados mucho más allá de sus capacidades de pago con ellas, el supermercado y hasta los vecinos. Algunos de ellos, incluso, se suicidaron incapaces de afrontar el deshonor de sus deudas descontroladas.
Ubicando el debate
Muchos entre quienes promueven las microfinanzas suelen creer que éstas ayudan a erradicar a la pobreza y otra buena porción ubica su lugar en una medida más razonable, como es su capacidad para ampliar el acceso al financiamiento. Sin embargo, en los últimos años un tercer grupo ha irrumpido con fuerza dando prioridad a la rentabilidad sobre la solidaridad o la misión social de la industria. Primero, las IMF se convirtieron en bancos. Después, los bancos comerciales se abrieron paso en el negocio de los pobres. La última moda es salir a bolsa.
La visión romántica de las microfinanzas de ONG que operaban a fondo perdido cotiza a la baja. Y no está mal: una industria precisa de rentabilidad para mantenerse en el tiempo. De hecho, es perfectamente ético obtener beneficios de la oferta de servicios a personas de bajos recursos. El problema, dicen los expertos, no es el qué, sino elcómo. "Es ético hacer dinero con los pobres si haces bien el trabajo", dice David Roodman, senior fellow del Centro para el Desarrollo Global (CGD, su sigla en inglés), en Washington, DC. "Aunque entiendo que si haces una fortuna es un poco raro".
De hecho, una industria como la microfinanciera, que reconoce en su génesis una misión social, debe acompasar la necesidad de utilidades con su desempeño social, de modo de no perder el objetivo de acercar a las personas sin acceso al financiamiento a la vez que contribuye a dotarlas de herramientas para el desarrollo social y económico.
Muchos sugieren que la crisis en India reconoce sus agentes en esa corriente mercantilista encabezada por algunos bancos comerciales con sonado interés en descremar un mercado con tasas de crecimiento y/o renta de dos dígitos o al menos superiores a los retornos de otras opciones financieras. Roodman se hizo eco en su blog de denuncias sobre oficiales de crédito que habrían acosado a sus clientes a los gritos fuera de sus casas y hasta amenazando con violencia. reconoce sus agentes en esa
Pocos meses después de que, en agosto, SKS Microfinance, la mayor IMF del país, saliera a la bolsa con una oferta pública de acciones (OPA), el Gobierno del estado de Andra Pradesh promulgó una ley que obliga a los prestamistas a seguir un estricto código de conducta. "Buscaban terminar con la presión que los agentes de crédito ejercían sobre los clientes, a la que culpan de causar al menos 54 suicidios", dice Roodman.
Para la industria parece probado que ha habido malas prácticas en India. Por empleados desaprensivos, inadecuados métodos de gestión, una estrategia cortoplacista basada en la obtención de ganancias elevadas y no en la sostenibilidad del negocio -o por otras diversas razones-, muchos prestatarios de una de las principales provincias indias han dejado de pagar y en la industria ha surgido la duda de si esa circunstancia generará efectos miméticos y acabará disparando una mora descontrolada.
Hay medidas proactivas
El asunto es que, al final de cuentas, habrá microfinancieras que no dejarán de presionar para posicionar sus productos. Quizás otras no se ocupen de dotar a sus recursos humanos -o a sus clientes- de herramientas de educación financiera. Es posible que algunas hasta tengan aún mercado suficiente para descremar sin preocuparse por retener la clientela, pues quedan vastos sectores -como el campo- donde persiste la falta de acceso a financiamiento.
Pero el apego a valores debe ser estricto, por convicción o por la ley. Fuera de ello, existen dudas que vinculan tanto la operación diaria como la estrategia de las IMF. Por ejemplo, ¿cuándo un cliente deja de tener una deuda sana y se convierte en sobre endeudado? ¿Cuál es el límite en el que una deuda entra en riesgo? ¿Deben las microfinancieras poner, solas y por sí mismas, un límite a la capacidad de tomar microcréditos de un cliente? Y si fuera así, ¿qué sucede si un cliente tiene una deuda sana con una IMF pero está sobre endeudado con agiotistas, con el supermercado, con los electrodomésticos de la tienda o una nueva pieza para la casa familia?
Algunas IMF ya han tomado cartas en el asunto. Mibanco, la mayor microfinanciera de Perú, por ejemplo, desarrolló un sistema de alerta que le notifica, ante un pedido de crédito, cuándo un cliente tiene deudas precedentes con otras tres instituciones. Otras, como la caja de ahorro mexicana Tosepantomin, programan los pagos de acuerdo a la temporalidad de ingresos de sus clientes.
En buena medida, el ejercicio del comportamiento ético reconoce fundamentos en la información abierta y transparente. Según Sandra Naula, gerente general de la Cooperativa de Ahorro y Credito Fondvida, una microfinanciera que participa de un programa de transparencia en Ecuador, el nivel de sobre endeudamiento de un sistema microfinanciero es un indicador de "que la gente no tiene información clara de los créditos que toma y de su real capacidad de repago".
La industria, en general, está tomando medidas en ese sentido, en particular en Occidente. Las primeras acciones para crear estándares que permitan medir el desempeño social -inobjetablemente unido a la ética de las IMF- han sido lanzadas por el llamado Grupo de Trabajo en Desempeño Social, que reúne a más de 800 líderes de las microfinanzas.
"The Smart Campaign", lanzada por el Centro para la Inclusión Financiera, vinculado a la red ACCION International, por otro lado, promueve las mejores prácticas en protección a los clientes que incluyen evitar el sobreendeudamiento, la resolución de quejas y el establecimiento de prácticas justas de cobro de deudas. Finalmente, MF Transparency, una iniciativa global, ya reúne y disemina información para hacer más transparentes los precios de los microcréditos.