Febrero 2, 2011 — 08:22 am
Imagen Compartida por Creative Commons por Carlos Capote. http://www.flickr.com/photos/carloscapote/2950102117/sizes/z/in/photostream/
Nota del Editor: Esta es la segunda parte de una reflexión desarrollada conjuntamente por Pablo Sánchez y Fernando Casado Cañeque, Director Académico del Laboratorio Base de la Pirámide de España. La primera parte puede consultarse por aquí.
Siguiendo las líneas de esta tendencia [relacionada con el reconocimiento del potencial de comunidades de bajos ingresos como aliados estratégicos en modelos de negocio inclusivos y proyectos de cooperación], se están proponiendo modelos de innovación participativa que empiezan a tener una gran repercusión y se están aplicando con éxito tanto en modelos de negocio inclusivos como en proyectos de cooperación. Sus procesos de integración proponen desde la participación activa de pequeños productores en procesos productivos aportando soluciones innovadoras, a la creación de divisiones empresariales formadas por equipos locales en países en vías de desarrollo que aportan el conocimiento necesario para ofrecer productos y servicios adaptados a dichos mercados.
Las ventajas de esta integración en procesos de innovación no se limitan a hacer más eficientes algunos modelos de negocio y/o proyectos, sino que además permiten generar la confianza a estas comunidades para que sean conscientes de sus capacidades y conocimientos para liderar sus propios procesos de desarrollo y solventar sus propias necesidades. Ello permite darle continuidad en el tiempo a los procesos de innovación; adoptar nuevas estrategias de relación con agentes de interés de las cadenas productivas y promover la innovación participativa como plataforma para incidir en otros ámbitos, ya sea generar mejoras en la calidad de productos, aumentar la sostenibilidad ambiental de los procesos productivos o descubrir nuevos nichos de mercado, todo ello mejorando las condiciones sociales de la población.
Aunque para que todo ello se pueda poner en práctica es preciso deconstruir conceptos preconcebidos sobre cómo miramos tanto a los países en vías de desarrollo cómo al propio proceso de innovación. En otras palabras, es preciso deseducarse.
Debido a ello es relevante valorar que el cambio de paradigma que estamos experimentando actualmente, no es un simple cambio al proceso productivo para integrar sugerencias sobre cómo integrar más a las comunidades pobres para incentivar la innovación, sino es una propuesta de cambio tanto a los modelos de negocio actuales como al diseño de los proyectos de cooperación al desarrollo.
En otras palabras, los procesos de innovación participativa son un nuevo eslabón en el proceso transitorio del capitalismo individualista regido por la maximización de beneficios individuales y la generación de externalidades no asumidas, al capitalismo inclusivo, que considera la generación de valor social y la búsqueda de beneficios mutuos de todas las partes que participan.
Por lo tanto, estamos de alguna manera pasando a una versión de Capitalismo 2.0, en un proceso de cambio donde si el objetivo del capitalismo 1.0. era maximizar el máximo beneficio económico, en el 2.0. es generar el máximo valor social, económico y medioambiental. Si en el 1.0. el proceso de toma de decisiones era jerárquico y a puertas cerradas, el 2.0 propone una toma de decisión participativa e inclusiva, incorporando a los agentes de interés de toda la cadena de valor en el proceso. Si el 1.0 habla de consumidores a los que se pretende influenciar para que sean compradores, el 2.0. habla de individuos a los que se pretende convencer para que sean aliados estratégicos. Si en el 1.0. se habla de tres sectores aislados (el público, el privado y el social) que frecuentemente compiten entre ellos, el 2.0. propone gestionar iniciativas a través de varios sectores integrados, trabajando conjuntamente para lograr objetivos comunes. Si el capitalismo 1.0 planteaba "reducir la contaminación" "bajar las emisiones" "minimizar el impacto", el 2.0. plantea utilizar la innovación estratégica y la gestión de conocimiento para aumentar la generación de valor y plantear modelos de producción y consumo sostenibles que incidan en la triple línea de resultados.
En definitiva, la transición nos lleva a un estado que pasa de la acumulación a la cooperación, de la competitividad a la complementariedad, del conocimiento confidencial y exclusivo a las redes abiertas de conocimiento compartido. Para ello la innovación, lógicamente, será el motor que guía el cambio hacia dicha transición. Pero esta innovación solo podrá ser de una manera: social, inclusiva y con la participación de aquellos más expuestos a los retos que se pretenden resolver.
2146 Visitas





