Nota del Editor: Este post fue publicado por Joxean Fernández en "Thought in Euskadi", Blog creado para compartir ideas y proyectos en torno al papel de la Innovación Tecnológica en la 2ª Transformación Económica y Social en el País Vasco.
"¿Qué es un salvaje? Es alguien que no se toma la molestia de mirar a su alrededor y ver que puede cambiar el mundo", Paul Theroux, La Costa de los Mosquitos. Después de la presentación del informe "La Base de la Pirámide bajo el prisma de Euskadi" se han venido sucediendo en este blog distintas reflexiones para analizar la capacidad de las empresas vascas de crear valor a través de negocios inclusivos globales.
La base de la pirámide es el mundo de la exclusión social y económica, de la falta de oportunidades, el mundo sin reglas de la selva, la ley del más fuerte. Es el mundo de la necesidad y de la supervivencia cotidiana, de la falta de horizonte. Pero también el territorio de la creatividad y de la resiliencia, el testimonio vivo de la capacidad del ser humano para reinventarse y sobrevivir en condiciones extremas, la provincia del ingenio. Es también el horizonte empresarial del futuro. Nuestro reto: entender sus dinámicas, adecuar nuestras estrategias, destapar su potencial.
La realidad de los 4700 millones
Es necesario preguntarnos por el tamaño real de la base de la pirámide. El número mágico "4700 millones" puede producir efectos tóxicos: mareos repentinos, ensoñaciones varias, delirio. Administrada sin control, la pócima BdP produce alucinaciones y una visión distorsionada de la realidad.
Por lo tanto, el primer esfuerzo debe ser calibrar la imagen. La BdP es una realidad compleja, lejana y heterogénea, cuya comprensión cabal requiere un esfuerzo de depuración sistemática de prejuicios. Más que un mercado BdP existen mercados BdP, en plural enfático, cada uno con sus propias reglas de juego que deben ser analizadas, interpretadas y entendidas.
El territorio BdP no es res nullius. Es verdad que el discurso ha cambiado pero el subtexto continúa siendo muchas veces el mismo: una arrogancia escasamente ilustrada y cierta dificultad congénita para ver lo evidente. Parece que la miopía colectiva con la que miramos el mundo resiste las mejores cirugías. Allí, en Brasil, en México, en la India, en China, pero también en Angola, en Uzbekistan, en Malawi, existen dinámicas empresariales adaptadas al contexto local y que llevan años desarrollando servicios y productos. ¿Serán nuestras empresas simples cazadores de fortuna en la base de la pirámide? ¿Buscarán su dote en ese mercado gigantesco de 4700 millones de personas?
Impregnación y atrevimiento
Calibrada la imagen y reconocido su carácter complejo, la única estrategia posible en la BdP es la que viene de la impregnación y el atrevimiento. Quedarse, entender, hablar el idioma, conocer los códigos locales. Solo por fricción lograremos producir cambios significativos en nuestros modelos de negocio. La clave no serán tantos los recursos financieros sino los recursos intangibles: tiempos largos, gestión de la complejidad, inteligencia emocional, dispositivos de traducción cultural, nuevos estados de ánimo, gafas nuevas para una realidad que no entenderemos desde la perspectiva tradicional. No existe una estrategia base de la pirámide sino estrategias, tantas como sean necesarias. Ante un mercado complejo y fragmentado, una estrategia poliédrica.
El valor de la proximidad: piel y capilaridad
No existen los negocios en la BdP por control remoto. Hacer negocios en los mercados emergentes requiere una fuerte inversión en conocimiento profundo de estos mercados, en identificación de socios locales y construcción de capital de confianza. Los negocios inclusivos en la base de la pirámide son negocios a largo plazo, estructurales, donde la base de la ventaja competitiva está en la capacidad de co-crear valor con socios locales: piel y capilaridad.
BdP hacia adentro
Pero la BdP puede ser mucho más. Tan importante como sacar el periscopio y mirar para afuera es sondear el interior de la empresa, mirar hacia adentro para determinar el significado, las posibilidades y las eventuales consecuencias de desarrollar negocios inclusivos y sostenibles basados en valores.
Para ello, debemos partir de un reconocimiento lúcido de la capacidad de innovación existente en los mercados emergentes. A medio y largo plazo, buena parte de las innovaciones decisivas que pueden contribuir a garantizar la supervivencia de nuestra empresa van a proceder de las zonas de contacto que seamos capaz de crear y mantener en estos mercados.
De esta forma, hacer negocios en los mercados emergentes será una forma de mantener la tensión competitiva en el seno de la empresa, casi un imperativo de supervivencia. El que no disponga de una estrategia inteligente para diversificar sus mercados y reconstruir nuevas fuentes de ventaja competitiva quedará reducido a la irrelevancia de la patria chica en una década.
Fuera complacencias
La estrategia BdP debe ir desprovista de toda complacencia. Podemos ser diferentes, pero no somos mejores, y sobre todos somos muy pocos, una gota de agua en el turbulento mar de la humanidad. El otro, el que sobrevive con unos pocos dólares al día, el que agudiza su ingenio para ver un nuevo amanecer, el que tiene el coraje de cruzar el mar de indiferencia y rechazo que nos separa, ese puede enseñarnos todo. ¿Entendemos su lenguaje?
Moda o paradigma
La BdP puede ser tanto moda pasajera como una oportunidad real para cambiar nuestra estrategia de internacionalización. Si las estrategias BdP vienen forzadas por la necesidad imperiosa de encontrar nuevos mercados para nuestros productos tradicionales, entonces no será sino una perspectiva efímera que se traducirá en algún texto canónico de autoayuda empresarial sobre como pegar el pelotazo en países desconocidos mientras se edulcora el discurso y el negocio con cuatro cuentos chinos sobre la necesidad de derrotar la pobreza. Ya saben ellos, los que andan sobreviviendo en la base de la pirámide y los que se forran a cuenta de ella, que el gran jefe blanco tiene lengua de víbora. El discurso BdP corre el peligro de convertirse en un neolenguaje que sirva para enmascarar la realidad, alquimia entre cooperación para el desarrollo, dosis homeopáticas de buenas intenciones, unas gotitas de cuarto sector sobre una base sólida de beneficio económico a la vieja usanza. En tales casos, la estrategia BdP será una nota de pié de página en la estrategia de nuestras empresas, cosmética comunicativa para maquillar la forma tradicional de hacer las cosas, al estilo de tantas declaraciones de responsabilidad social empresarial, irresponsablemente vacías de contenido.
Pero la BdP puede ser un catalizador efectivo, capaz de transformar nuestra forma de entender y hacer negocios, una nueva brújula que permita orientarse en los territorios ignotos de la base de la pirámide y contribuir a cambiar la geometría de la economía global. En última instancia, este es un debate sobre estrategias de innovación e internacionalización de las empresas vascas y sobre las decisiones que tendrán que tomar para generar ventajas competitivas sostenibles en el futuro.