La semana anterior compartí la primera parte de este artículo de Creatividad para Financiar Empresas Sociales. Lo pueden consultar por aquí. En esta ocasión quiero abordar otro mecanismo de financiamiento a empresas sociales que está surgiendo de a poco, es el llamado "Program Related Investment"(PRI).

Por este mecanismo algunas fundaciones tradicionalmente filantrópicas como Lemelson,  Kellog, Knight, Skoll, están volcándose a realizar inversiones de riesgo a empresas sociales. Como para ello usan fondos que de otra manera donarían, pueden darse el lujo de asumir riesgos altos, y de esta manera ser primeros "colchones de pérdida" para atraer a otros inversores más tradicionales, del estilo de los que mencionaba antes David Green. Mayur Patel, Director de Estrategias de Fundación Knight, comparte su visión: "El PRI ha crecido en un 16% en los últimos 5 años, financiando áreas como tecnologías limpias, microfinanzas o desarrollo comunitario, y eso es una muy buena noticia. Sin embargo, hasta ahora el PRI es muy esporádico y todavía no está integrado a la estrategia de las fundaciones que lo implementan, ni tampoco hay una articulación entre las pocas fundaciones que lo están haciendo, como para compartir experiencias".

Desde el punto de vista de Mayur, hay varias cuestiones que hoy demoran el mayor desarrollo de esta estrategia al interior de las fundaciones: Por una parte, aún no tienen conocimiento especializado en inversiones de riesgo, y por el otro, a veces una cultura organizacional conservadora no acompaña estas innovaciones "hay una creencia de que involucrarse con negocios sociales es más riesgoso que dar donaciones, y esto es bastante paradójico, ya en una donación el dinero no se recupera, mientras que en una inversión de riesgo, la expectativa es que sí". Además, debido a la falta de intermediarios en este campo, todavía los costos de transacción de este tipo de inversiones son muy altos para las grandes fundaciones. Mayur sostiene que "En definitiva, esto es un llamado de atención a las fundaciones, tenemos que mejorar nuestra capacidad para aplicar este tipo de inversiones de alto riesgo que juega un rol clave para atraer a donantes más tradicionales a las empresas sociales". Patrick Maloney, de Fundación Lemeslon, propone "deberíamos juntarnos fundaciones y empresas sociales para determinar cuál es la estructura de inversión adecuada. Una vez que le dediquemos tiempo a entender cómo funciona una empresa social, entonces estaremos listos para financiar otras varias relativamente rápido". Julia Novy-Hildesley, Directora Ejecutiva de la Fundación Lemelson, agrega "testear este tipo de nuevas herramientas financieras es muy importante para nosotros, porque las empresas sociales hoy son punta de lanza para que más adelante muchas más puedan entrar en el mercado; en ese sentido, estamos contribuyendo a construir un nuevo campo".

Estrechamente vinculado con el financiamiento de una empresa social está su figura legal. Sergio Oceransky, fundador del Grupo Yansa, creó una empresa social con una estructura legal integrada (una CIC[1] y una L3C[2]) que en teoría facilitaría el flujo de capital, pero comparte su preocupación de que aún a pesar de ello, hasta ahora no ha tenido todo el éxito esperado. Según Mark Cheng, la CIC es un híbrido que no está funcionando "no tiene los beneficios de la exención impositiva, y por otra parte no permite la distribución de dividendos a los accionistas, con lo cual no es una figura atractiva para inversores más tradicionales". En relación a la L3C "supuestamente iba a facilitar el PRI de manera tal que se pudiera hacer casi en forma automática, pero estoy escuchando que las inversiones de riesgo en L3C están siendo tan burocráticas como cualquiera, con lo cual esa figura entonces no representa ningún beneficio adicional.

Estas nuevas figuras legales no son tan efectivas como se pensaba que iban a ser, con lo cual hasta ahora, constituir una empresa común (LLC, etc.) sigue siendo lo mejor, en parte porque los inversionistas lo comprenden mejor. En definitiva, una de las maneras más efectivas para potenciar una empresa social es constituir dos organizaciones independientes, también llamado "holding social" integrado por una organización social y una empresa; esto te da mucha mayor flexibilidad para tomar capital o donaciones dependiendo de las necesidades específicas. Luego el desafío es construir una relación sana entre ambas organizaciones".

Ahora bien, si miramos a los negocios sociales y a estos nuevos mecanismos de financiamiento desde un lugar diferente, existe un riesgo que muchos emprendedores sociales mencionan, y Alice Freitas puso claramente sobre la mesa en la Miami SVC SE Conference el pasado marzo: "yo creé una empresa social que va a ser rentable dentro de dos años, y creo en ella como una herramienta de generar impacto social. Sin embargo, me da mucho miedo que ahora todos pensemos que la única solución al desarrollo son las empresas sociales, y entonces las fundaciones que antes hacían donaciones dejen de donar, o los gobiernos dejen de dar subsidios".  En su libro "Small Change, Why Business won´t Save the World", Michael Edwards justamente pone en perspectiva el valor de los negocios sociales como una herramienta más para contribuir al impacto social y la escala, pero no como generadores de transformación social o cambio sistémico en sí mismos.

Estas experiencias y comentarios son sólo una pequeña muestra de algunas discusiones que se están dando en torno a nuevos mecanismos de inversión en negocios sociales.  Con riesgos, con potencialidades, con desafíos. No está dicha la última palabra, y la mayoría de os involucrados están haciendo camino al andar. En Ashoka creemos en el poder de la inspiración que se genera al compartir experiencias y aprendizajes. Por lo tanto, si tienes alguna experiencia vinculada con este tema para compartir, te invito a que lo hagas a pcardenau@ashoka.org


[1] L3C (low-profit limited liability company), una compañía de bajo ánimo de lucro de responsabilidad imitada es una forma jurídica empresaria en los Estados Unidos que se creó para cerrar la brecha entre la inversión sin y con fines de lucro proporcionando una estructura que facilite las inversiones en empresas rentables con objetivo social, y al mismo tiempo simplificar el cumplimiento de las normas de IRS (Servicio de Rentas Interno) para Program Related Investment.

[2] CIC (Community Interest Companies), Compañías de Interés Comunitario es una figura legal empresaria en Inglaterra creada para empresas cuyo foco principal es el impacto social. Entre algunas características, no pueden distribuir beneficios a sus accionistas, sino que ellos deben ser reinvertidos en la empresa social.