Uno de los temas que se discutieron en Tech4Society fue la necesidad de generar mecanismos financieros creativos para los negocios sociales. Mathew Bishop, en su artículo La Curva del Capital para un Mundo Mejor argumenta que es clave entender cómo funciona la curva del capital para negocios sociales, e insiste que "los desafíos de los emprendedores sociales son mucho más difíciles que los de los emprendedores comerciales, en particular porque su objetivo principal no es generar beneficios económicos, sino retornos al capital que son menos tangibles financieramente pero de mayor valor social". David Green dice lo mismo, pero de otra manera "lo que diferencia a una empresa social de una tradicional es que maximiza la distribución en lugar de maximizar beneficios".
Priorizar el impacto social sobre la maximización de ganancias tiene una relación directa con el modelo de negocios, y por ello una empresa social no puede obtener capital con la misma lógica que una empresa tradicional. Necesitamos pensar en herramientas financieras que contemplen, entre otras cosas, retornos financieros menores que el mercado, estrategias de salida basadas en el flujo de caja y no en la venta de la empresa, colchones de pérdida que mitiguen el riesgo y atraigan a inversores más tradicionales.
Una mirada típica de los inversores hacia las empresas sociales es que "no están listas" para una inversión de capital. Sin embargo Mark Cheng - Managing Director de Chelwood Capital, que trabajó con una decena de emprendedores sociales que buscan atraer capitales para incrementar su escala- aporta una nueva mirada: "No se trata solamente de cuán lista está una empresa social para recibir inversiones, el problema también está en la estructura misma de un fondo de inversión. El fondo es un negocio en sí mismo, y esto le genera barreras claras para financiar a una empresa social: 1) necesita una estrategia de salida a los 5/7 años, y es muy difícil que una empresa social pueda madurar en ese período, 2) retorno: típicamente, un fondo de esta naturaleza tendría un tercio de las inversiones de su cartera que falla, un tercio que recupera capital pero no genera ganancias, y un tercio que es exitoso. Con lo cual, el éxito del fondo como negocio depende del éxito de este último tercio de inversiones. Esto ya es una presión grande para cualquier negocio, y lo es mucho más en los negocios sociales. 3. Por último, ¿qué emprendedor social quiere vender su empresa?."
Es por eso que la estructura misma de un fondo de "venture capital" típico, que pone una carga muy pesada en las empresas sociales, hace inviable que puedan ser un mecanismo de financiamiento adecuado. Mark nos invita a ser más creativos a la hora de diseñar instrumentos financieros. Sostiene que ya están empezándose a ver rasgos de evolución en este campo, y que una herramienta financiera de este tipo debería tener los siguientes elementos 1. Un horizonte de tiempo lo suficientemente extenso como para permitir que la empresa pueda comenzar a repagar; 2. Una estrategia de salida negociada en base al repago al inversor a partir del flujo de caja, y no a raíz de la venta de la empresa; y 3. Retornos financieros menores a los del mercado. Un fondo que está estructurado con muchos de estos elementos es el Fondo Inversor, de Compartamos con Colombia.
David Green, que ha creado varias empresas sociales y además está probando mecanismos de financiamiento diferentes, comparte que "una estrategia interesante es usar el dinero de donaciones para impulsar iniciativas con potencial de negocios. Nosotros estructuramos un Eye Fund (Fondo para la Visión) de 15 millones de dólares, en un proceso complejo que duró 3 años. Lo empezamos con una donación inicial para "capacity building/generación de capacidades". Luego, el Deutsche Bank decidió entrar con capital, pero tomando un riesgo alto -esperando un retorno de sólo el 1%-; con ellos y con otros hemos construido un "colchón de pérdida" de 2 millones de dólares. El hecho de que estos fondos participaran a un riesgo tan alto permitió que más tarde, otros inversores más tradicionales se sumaran asumiendo un riesgo menor, un retorno del 4,5% o más. Así, con la donación inicial y el colchón de pérdida lo que hicimos fue reducir el riesgo para otros inversores, y la construcción final del fondo se terminó pareciendo a un fondo típico, atractivo para inversores típicos.
Más allá de esta experiencia, David comparte su frustración a la hora de conseguir capital "para las empresas sociales es relativamente fácil conseguir capital semilla o inversión ángel, y mezzanine[1]; pero en el medio de eso hay una brecha, es muy difícil acceder a capital cuando la empresa aún no tiene ventas y necesita entrar en el mercado, y por eso necesita la inversión de manera crítica". Además, incluye dos aspectos esenciales a la hora de sumar a un inversor: 1. Es importante diseñar un modelo de gobierno de la empresa social que continúe con la misión social por encima de la maximización de beneficios, y 2. Es clave encontrar al inversor adecuado, que respete la misión social de la empresa y tenga expectativas de retorno financiero menores a las de mercado. "La confianza del inversor es absolutamente clave, te permite permanecer juntos en los momentos complicados, y esto crea la resiliencia que se necesita para crear una empresa social. Yo comparto con los inversores desde el principio todas las cosas que pueden salir mal, porque quiero que se sumen los que realmente quieren hacerlo, y no se van a poner nerviosos o querer salir de repente, cuando la cosa se pone fea -y se puede poner muy fea, particularmente en los primeros años-". 3. Negociar con los inversores que en caso que decidan vender su participación, lo harán a inversores con un perfil comprometido similar al de ellos.
Sin duda este es un tema de gran relevancia en el campo de los negocios sociales. En la segunda parte me referiré al Program Related Investment (PRI).
[1] Un mecanismo de financiamiento híbrido que combina deuda y capital, típicamente utilizado para financiar la expansión de compañías existentes.