Noviembre 11, 2011 — 07:58 am
Nota del Editor: Esta es la segunda entrega de esta serie que reflexiona sobre el tercer sector en Brasil y los nuevos modelos de negocios sociales. La parte I puede leerse por aquí.
Este post fue publicado inicialmente en NextBillionBrasil. La versión en portugués puede leerse aquí.
Por Gláucio Gomes, Coordinador de Desarrollo Institucional de Taller de Ideas y Director Ejecutivo de Rummos Assessoria.
El apoyo financiero de los gobiernos permitió a las organizaciones sociales alcanzar un nivel completamente diferente de escala en sus acciones. El hecho es que una organización pequeña en el interior de Pernambuco, por ejemplo, siempre ha tenido y tiene todavía grandes dificultades para movilizar los recursos necesarios para sus proyectos. No hay una tradición de donación laica individual en Brasil. Y las empresas y los inversores sociales tienden a priorizar la asignación de recursos a proyectos prioritarios que estén más próximos a sus realidades, en áreas temáticas y geográficas de mayor visibilidad o con representación social más positiva.
El interior de Pernambuco no tiene un sector empresarial fuerte y diversificado para apoyar, localmente, los proyectos y las organizaciones sociales de la región. Para alcanzar inversores sociales de las regiones más desarrolladas del país, en el sureste, esa pequeña organización pernambucana necesitaría tener una sector de comunicación o una estructura de captación de recursos razonablemente desarrollados. Lo que no es la mayoría aplastante de los casos -incluso, en un círculo vicioso, porque esta pequeña organización no puede permitirse el lujo de correr con estos gastos.
Esta pequeña organización de Pernambuco podría captar en la iniciativa privada, con mucha dificultad, algo alrededor de R $ 75 mil - aún siendo elegido en un proceso público de selección que son bastante concurridos (a veces, son más de 10 mil inscritos para 10 o 20 oportunidades de apoyo) y donde las organizaciones con mayor visibilidad o mejor estructura para la elaboración de proyectos y comunicación tienen mayor chance real de ser escogidas. Esta misma organización, sin embargo, podría buscar una alianza con el gobierno local o incluso con los ministerios y sectores del gobierno federal. En este caso, a través de anuncios públicos, se podría obtener, para el mismo proyecto, valores mucho más altos.
¿Independiente o apenas un operador? El acceso a los recursos gubernamentales para dar escala a las acciones no es un camino sostenible para las organizaciones. Es cierto que son recursos públicos y si las organizaciones sociales están prestando servicios públicos, tendrían argumentos para utilizar estos recursos para sus proyectos. Sin embargo, en la práctica, estos recursos llegan a las organizaciones con una serie de requisitos que paralizan sus actuaciones - son recursos que deben ser invertidos en proyectos de desarrollo con métodos, estrategias y abordajes pre-diseñados por los agentes gubernamentales que aprueban dichas inversiones.
Practicamente las organizaciones sociales acaban por trabajar como instrumentos para la ejecución de políticas definidas por los gobiernos y no de acuerdo con sus misiones, valores y estrategias propias. Estamos en este momento discutiendo los impactos del cambio de la relación de los gobiernos con la sociedad civil en los últimos años. Y es cierto que este acercamiento entre los dos segmentos permitió la formulación de políticas participativas en muchos casos. Sin embargo, también contribuyó a la creación de círculos viciosos en la gestión de las organizaciones, que ponen en peligro su sostenibilidad a largo plazo.
Hoy la mayoría de las organizaciones de la sociedad civil aún no tiene las capacidades y los conocimientos necesarios para desarrollarse de manera sostenible - en diálogo con el "mundo real" fuera de la burbuja creada por el acceso a los recursos del gobierno (es decir, donde precisan negociar con la iniciativa privada).
El futuro: ¿hacia un nuevo modelo de negocio social? A finales de 90 existió una organización de canales de inversión social privada en Brasil, principalmente en Sao Paulo. Las empresas comenzaron a desarrollar acciones de responsabilidad social corporativa y los institutos empresariales y fundaciones privadas brasileñas avanzaron en la formación de un sector de inversión social privada en el país.
La última década ha sido de avances en ese sentido. Sin embargo, en un ritmo mucho más lento y geográficamente limitado de lo necesario para la sostenibilidad del tercer sector en Brasil. Más recientemente un nuevo modelo que propone el desarrollo de negocios que sean rentables, y al mismo tiempo generen un impacto social positivo para las comunidades y grupos sociales en situación de vulnerabilidad, se ha introducido en Brasil. Una oportunidad también para que entidades tradicionales creen pequeñas empresas en sus cadenas de suministro, generando parte de los ingresos para financiar el mantenimiento y la escala de sus proyectos sociales - en un sistema híbrido de gestión y capitalización de estas organizaciones para la sostenibilidad de sus acciones.
De una forma u otra las relaciones entre las organizaciones privadas (empresas y los inversores sociales) y las organizaciones sin fines de lucro necesitan desarrollarse de forma mas robusta, con el fin de crear canales de financiación para la sostenibilidad de los programas sociales en el país.
El hecho es que las organizaciones sociales brasileñas necesitan articularse, estructurarse y prepararse para la creación de nuevos mecanismos de generación de ingresos para sus programas, que sean efectivamente sostenibles - es decir, sean menos dependientes de fuentes inestables o excesivamente burocráticas. ¿Cómo un programa social, por más innovador e impactante que sea, puede ser desarrollado estratégicamente con el pasar de los años, si los emprendedores no consiguen prever al menos durante un año cuándo tendrán los recursos para financiar su desarrollo?. ¿Cómo pensar en una escala de tecnologías sociales en este contexto?
En el Taller de Ideas estamos tratando de construir un nuevo tipo de relación con las comunidades. Muchas organizaciones sociales en Brasil aún son muy reticentes a la idea de crear cualquier tipo de relación comercial o de negocios, con las comunidades que sirven. También las comunidades aún no están preparadas para ser abordadas por las organizaciones sin fines de lucro con esta propuesta - después de todo, en general entendemos que los servicios sociales son derechos y que deben ser ofrecidos gratuitamente por los gobiernos, a los que se pagan los impuestos.
Los inversionistas sociales que están interesados en actuar en Brasil tienen que saber que hay una etapa anterior, de concientización y formación de organizaciones y comunidades, para preparar las bases para un nuevo modelo de desarrollo sostenible de las organizaciones de la sociedad civil en Brasil, reconociendo su cultura política y su historia. Y existen, de hecho necesidades y oportunidades reales para el cambio en esta cultura política.
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