Enero 12, 2009 — 02:46 pm
Durante los días que pude pasar en Colombia a finales del año pasado aproveché para actualizarme un poco en las noticias y las cosas que pasan a diario en el país. Dentro de mis lecturas hubo una que me causó especial satisfacción y fue la Revista Cambio del 23 de Diciembre, que traía un artículo sobre los avances en el proceso de reintegración a la vida civil de excombatientes de la guerrilla y los paramiltares.
No es necesario entrar en detalles para explicar que la exitosa reintegración a la sociedad de estos grupos es una condición fundamental para que Colombia alcance algún día una paz duradera y sostenible. Más aún, este es probablemente el principal reto para el desarrollo de negocios inclusivos en el país, uno que exige coherencia del Estado en sus políticas sociales y sobre todo participación decidida del sector privado. Así lo entendió el Gobierno al nombrar como líder del programa a uno de los principales líderes empresariales de Colombia.
En efecto, el sector privado es el único que puede garantizar que la reintegración se realice con equidad y se sostenga en el tiempo. Es difícil entender que el Gobierno invirta recursos en subsidios directos mantener excombatientes mientras terminan su proceso de reintegración. ¿Por qué ellos, que han cometido crímenes y violado la ley están recibiendo esas ayudas y yo no? Esta es la principal crítica que han recibdo los programas gubernamentales de atención a desmovilizados. En lugar de generar incentivos imposibles de sostener en el largo plazo, deben generarse condiciones que permitan crear oportunidad económica para estos grupos y apoyos a nivel social/ comunitario que permitan su completa reintegración y asumir un rol como miembros activos de la sociedad.
Los negocios inclusivos (en la forma de nuevas empresas o a través de la participación de grandes compañías) tienen la capacidad de devolver la esperanza, el propósito y la dignidad a la vida de personas que, como los excombatientes y los desplazados por la violencia, buscan reorientar sus vidas y realizar aportes a la sociedad. Es un aspecto de la situación en Colombia imposible de evadir, que debería capturar más atención por parte de los medios y ser prioridad en el debate nacional.
Espero que en 2009 haya más oportunidades de leer sobre los avances y obstáculos del proceso de reintegración liderado por el comisionado Frank Pearl, pues hasta el momento no ha habido mucha difusión y publicidad a excepción de unos pocos artículos similares al de Cambio. Este tema, como pocos, exige pedagogía y verdadera inclusión.
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