Noviembre 7, 2011 — 07:49 am
¿El Tercer Sector Puede incorporar Nuevos Modelos de Negocios Sociales?. Parte I
Nota del Editor: Este primer artículo ofrece una interesante discusión en el escenario brasileño del tercer sector, en el que muchos negocios sociales tienen sus bases. Gomes Glaucio elabora sobre el desarrollo de la sociedad civil y de las ONGs en Brasil, trayendo la siguiente pregunta: El tercer sector se puede transformar para incorporar nuevos modelos de negocios sociales y de inversiones?. Para responder a esta pregunta primero vamos a pensar en las bases del tercer sector y los primeros capítulos de su historia en Brasil.
Este post fue publicado inicialmente en NextBillionBrasil. La versión en portugués puede leerse aquí.
Por Gláucio Gomes, Coordinador de Desarrollo Institucional de Taller de Ideas y Director Ejecutivo de Rummos Assessoria.
La organización de la sociedad civil brasileña es un proceso con características específicas. Lo que es hoy llamado Tercer Sector intensificó su desarrollo a partir de los movimientos sociales que semovilizaron para luchar por la democracia, y los derechos humanos y sociales durante el régimen militar. Las ONGs brasileñas nacieron como brazos operativos de estos movimientos,actuando en grandes causas nacionales, políticas, vinculadas a la conquista y garantía de libertades como elecciones directas, libertad de expresión y de asociación. Estas ONGs se sumaron a las instituciones asistenciales tradicionales, instituídas en décadas anteriores, componiendo una escena con modos de acción muy diferentes.
Gran parte de los movimientos sociales se desarrollaron en el campo, en las regiones del interior del país, en un escenario de conflicto por la tierra, donde la prioridad era defender las reformas sociales y políticas de base. Muchas de las células de los movimientos sociales nacieron en el ámbito de las comunidades eclesiásticas, vinculados a la Iglesia Católica y movilizadas por líderes religiosos comprometidos. Lo que influyó en el desarrollo de organizaciones sociales bastente politizadas y con fuertes trazos religiosos, con mayor énfasis en acciones de asistencia y que creen que es una función del Estado prestar servicios sociales a la población para garantizar todos sus derechos - y de forma gratuita y universal. La Constitución Ciudadana de 1988, que fue formulada con la amplia participación de los movimientos sociales, confirma esta opinión.
Las organizaciones sociales brasileñas lentamente se formalizaron, teniendo como base el acceso a recursos de fuentes internacionales. La mayoría de los movimientos sociales iniciaron un proceso de institucionalización,dando origen a entidades formales a finales de 1980 y principios de 1990; cuando necesitaron estructurase para recolectar fondos y firmar contratons con fundaciones y gobiernos, Durante este período, importantes líderes políticos y activistas que participaron en la lucha contra la dictadura militar, comenzaron a fundar sus organizaciones o a trabajar en ONGs para apoyar a las comunidades de base en la creación de sus asociaciones, cooperativas, etc.
Estos militantes eran intelectuales, artistas, políticos y líderes prominentes de la comunidad, con experiencia, conocimiento y gran capacidad de movilizar y articular personas. Pero, sobre todo, no eran gerentes y administradores con conocimientos prácticos y las habilidades necesarias para dirigir las organizaciones a la sostenibilidad y al desarrollo institucional. Fueron estas instituciones internacionales las que llevaron a las organizaciones a dar los primeros pasos en términos de profesionalización y estructura de gestión - para cumplir con los requisitos administrativos de los organismos internacionales y de cooperación técnica para el desarrollo.
En la década de 1990, más del 90% de los recursos utilizados por las organizaciones sin fines de lucro en Brasil provenían de esas instituciones internacionales, como por ejemplo USAID, GTZ, la Fundación Ford y Oxfam.
Los gobiernos se han convertido en financiadores
A finales de la década de 1990 las agencias de cooperación internacional iniciaron una reducción gradual de la transferencia de recursos a las organizaciones brasileñas. La elección de Lula a la presidencia en 2002, en particular, llevó las relaciones entre las organizaciones de la sociedad civil y los gobiernos a una nueva etapa. Los gobiernos locales y el propio Gobierno Federal comenzó lentamente a ocupar el espacio que fue dejado por los donantes internacionales, construyendo alianzas sólidas con los movimientos sociales y organizaciones sin fines de lucro de apoyo financiero en todo el país.
Durante el año 2000, hubo un aumento significativo en la proporción de los fondos gubernamentales destinados a organizaciones de la sociedad civil, mientras que hubo una marcada reducción en el volumen de fondos transferidos por los donantes internacionales. Es cierto que durante este mismo período, las empresas comenzaron a desarrollar sus iniciativas de inversión social, pero a un ritmo mucho más lento y con más cautela.
Es importante señalar que la relación entre las empresas y organizaciones sociales en Brasil siempre ha sido un reto - por la historia política de los principales dirigentes de las organizaciones sociales, por la resistencia a adherir a los criterios y los valores de los inversionistas sociales privados, y también por la desconfianza de los inversorres en relación con estas organizaciones, justamente por la historia de la participación ideológica y política.
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En el próximo artículo, Glaucio nos hará pensar más profundamente acerca de si el apoyo financiero del gobierno realmente permitió a las organizaciones sociales alcanzar un nivel completamente diferente de escala en sus acciones; comenznado así a pensar en el futuro (y presente) : estamos avanzando hacia un nuevo modelo que abarca a los negocios sociales?. La respuesta, en el próximo post!. Espérennlo!
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