Nota del Editor: Este artículo hace parte de una serie con reflexiones del Foro Latinoamericano de Inversión de Impacto realizado recientemente en México. Este es el segundo post de Paulo Rocha de Avina, sobre los dilemas de las inversiones en negocios inclusivos, especialmente sobre el pipeline atractivo de proyectos. El primer post de Paulo puede leerse aquí.

Durante el primer "Foro Latinoamericano de Inversión de Impacto", que se celebró en México hace dos semanas, mucho se habló del perfil de los emprendedores que buscan alianzas con fondos de inversión, de cómo estos emprendedores deben presentarse, qué tipo de perfil se valora y qué expectativas tienen los fondos para invertir en negocios inclusivos.

El Impact Investing o Inversión Social Rentable importa del mercado tradicional las prácticas y las teorías de la inversión en capital de riesgo, en empresas innovadoras pequeñas y medianas, trayéndolos al sector social a fin de crear un mecanismo para obtener recursos para los negocios inclusivos y mejorar su rentabilidad, así como sus impactos sociales y ambientales.

Creo que el Impact Investing es el mejor modelo de intersección sectorial (social y económica) con el que contamos, que genera acceso a los recursos al sector social al mismo tiempo que genera retornos sobre el capital invertido, garantizando su sostenibilidad. Para mí, este debe ser el foco principal de las instituciones que promueven negocios inclusivos en el mediano plazo. 

Sin embargo, es claro que estas inversiones tienen que enfrentar desafíos para consolidarse como actores clave en el mercado. En el primer artículo de la "trilogía" escribí sobre la necesidad de un escenario de crecimiento económico, no sólo para esta inversión, sino para que cualquier inversión en capital de riesgo sea realizada. En este segundo artículo quería traer un tema aún más importante: la adaptación de la metodología.

Casi al unísono,  en el foro todos los gestores de fondos se quejaron de la falta de proyectos en el pipeline. Traduciendo, significa que los fondos no logran tener acceso a un número mínimo de planes de negocios que les permita tomar la decisión de inversión con la cautela que se requiere.

Lo que hemos visto es la adaptación casi literal de los análisis de diseño del modelo del sector de capital riesgo a la evaluación tradicional de las oportunidades de negocios inclusivos. Es cierto que hay pocos emprendedores que tratan de desarrollar ideas empresariales innovadoras con alto impacto social, lo que obliga a las escuelas de negocio, incubadoras de empresas y concursos que incluyan en sus currículos el estudio de emprendedorismo social. Sin embargo, hago la pregunta, en la práctica de evaluación de proyectos, ¿ los gestores de fondos inclusivos deben seguir el mismo guión que los fondos tradicionales?

Lo que llamo el guión es casi el ritual de la evaluación de planes de negocios, que además de evaluar la viabilidad financiera, técnica, el gobierno corporativo, el perfil del emprendedor, etc, incluyen la evaluación de terceros. Sumado a esto, es casi habitual que todo este proceso se lleva a cabo con un gran número de propuestas de negocios, que es casi siempre el resultado de mucho trabajo de selección.

Los Negocios Inclusivos se están instalando en América Latina y en el resto del mundo. El riesgo de llevar a cabo due dilligence de 1000 proyectos antes de apostar en uno, o de manera exhaustiva requerir habilidades empresariales de los líderes de estas ideas, e incluso el requisito de altas garantías, prácticas comunes en la industria, pueden dejar pocas opciones para los fondos de inversión. Se vuelven incapaces de realizar sus presupuestos en el período previsto y no traer los retornos esperados para los inversores. Con poco apoyo, el número de negocios inclusivos en el mercado no crece y el sector no obtiene representación e importancia.

Todo esto puede desacreditar el sector de inversión de impacto que también vive su prólogo. A los gestores de fondos me gustaría preguntarles: ¿Se puede ser más osado?