Mayo 11, 2009 — 08:21 am
¿Cómo transformar un sector… tradicional? El caso del comercio detallista en América Latina
Como les comenté en mi último post, he encontrado crecientes argumentos para mantener mi optimismo frente a las posibilidades y a la relevancia de transformar sectores tradicionales de la economía como el del comercio detallista.
El primero argumento es la dimensión de este sector y el rol que juegan en la región. Cuando comencé a analizar con detalle este sector, me llamó poderosamente la atención el hecho de que es ahí donde se concentran más empresas y empleo que ninguna otra actividad económica por sí sola. Evidentemente, esta situación está ligada a que una tienda de abarrotes no requiere mucha especialización y tampoco altas inversiones. También es un sector en donde las barreras de entrada y salida son prácticamente inexistentes. En consecuencia, el sector puede constituirse en una válvula de escape al desempleo en los países de la región. Con esto no sugiero como deseable que éste continúe siendo el perfil que domina nuestra estructura empresarial.
Sin embargo, el pequeño comercio detallista juega un rol importante en la distribución de alimentos y productos de consumo básico. Para los productores a pequeña escala y bajos ingresos, muchas veces son el único canal disponible para llegar al consumidor final, mientras que para los grandes productores son el fiel de la balanza, que les permite mantener un relativo poder de negociación frente a las grandes cadenas de comercio detallista. Para el consumidor final, ofrecen conveniencia en las ciudades (por horarios, por cercanía y por la mezcla de productos adaptadas a cada localidad), mientras que en zonas rurales pueden ser también una fuente indispensable para el consumo de básicos.
Claramente, a lo largo de toda la cadena de valor, existen incentivos para mantener y fortalecer este modelo de comercio. De igual manera, al ser un punto de venta con una presencia difícil de igualar (recuerden el millón de establecimientos en Brasil, los 800,000 en México, los 400,000 en Colombia...) es un canal muy atractivo para casi cualquier producto y servicio. No se trata de competir con las grandes cadenas de supermercados, sino relevar sus atributos de valor y permitirle seguir teniendo un rol en el contexto actual.
Es aquí en donde entra mi segundo argumento. Los productos tradicionales, no tienen por qué ser los únicos activos de este sector. En este punto, siempre me gusta citar el caso del Banco Lemon en Brasil, un modelo de banca que sustituyó las sucursales, pero está presente en diversas tiendas de barrio, farmacias, panaderías, etc.
El piloto del programa en Costa Rica, está intentando algo similar. Me gusta imaginar que es posible transforma un modelo tradicional, en algo que prácticamente sea irreconocible por la diversidad de servicios que puede ofrecer, mientras conserva uno de sus atributos principales: su ubicación. A partir de esta idea, pueden aplicarse casi cualquier tipo de innovación, tanto en la distribución de mercancías, en la proveeduría, en el financiamiento y en la mezcla de productos y servicios a disposición.
Sería un error pensar en un modelo de desarrollo empresarial, que busca la permanencia de un modelo obsoleto. El reto es precisamente pensar en un modelo de negocios diferente, disruptivo y que trate de incorporar tantos elementos innovadores cómo sea posible. Las posibilidades son ilimitadas, así como los potenciales actores que pueden participar (proveedores, productores, servicios financieros, TICs), difícilmente puedo imaginar una iniciativa más inclusiva.
Las posibilidades de impacto son igualmente exponenciales, el Compromiso presentado a la Clinton Global Initiative, estimaba que atendiendo 20,000 establecimientos, se podría tocar la vida de cerca de 80,000 personas en la forma de mejores ingresos y mejores oportunidades de bienestar. ¿No vale la pena imaginar transformaciones iguales para el resto de los sectores tradicionales que dibujan nuestro sector privado en la región?
1615 Visitas




