Nota del Editor: Esta es la segunda y última parte de una serie sobre Negocios Inclusivos y Responsabilidad Social Empresarial. La primera parte puede consultarse aquí.

La comunicación de los impactos es un factor determinante

Otra característica de la gestión de responsabilidad social es su capacidad de poder ser homologable con acciones sociales destinadas a mantenerse como vitrinas donde la empresa puede mostrarse como responsable con la sociedad.  Mientras la RS le permita a la empresa sostener una  "vitrina social", no hay necesidad de ampliar a profundizar el modelo.  Evidentemente este tipo de acciones sociales con altos impactos comunicacionales son suficientes para posicionar a la empresa frente a su público sin inversiones importantes o cambios estructurales complejos. 

Al mismo tiempo, no todos los NI han podido formar parte de un sistema de comunicación que muestre el trabajo e inversiones realizadas como testimonio del compromiso de la empresa con la comunidad.  En este sentido, los NI han sido casi siempre catalogados como parte de una estrategia de responsabilidad social mucho más amplia incluso cuando, en muchos casos, su enfoque estratégico es mucho más profundo que las demás acciones de responsabilidad social de la empresa. La pregunta es entonces qué tan fácil se puede comunicar el concepto NI, lo que implica para la empresa en términos de compromiso, inversiones, trabajo y resultados frente a lo que sus clientes y consumidores esperan de ella. 

Aprendizaje de parte y parte

Aunque pareciera que Negocios Inclusivos presentara evidentes ventajas en su enfoque estratégico, como en el alcance de sus resultados, la responsabilidad social recibió un empuje considerable con la Norma ISO 26000 presentada en noviembre pasado.  Esta guía recomienda, previo a generar cualquier acción con impacto social, revisar lo que se denominan los "7 principios de la responsabilidad social" que son los pilares sobre los cuales se apoya toda empresa que desee acoger con madurez la responsabilidad frente a sus stakeholders.  Esto sin duda supone un filtro que permite separar a empresas convencidas y comprometidas con su rol social de aquellas que buscan la licencia social de operación o, simplemente, el posicionamiento social.  En muchos de los casos de NI, se evidenció que esta falta de compromiso era uno de los factores que no dio paso a la fase de maduración del proyecto piloto.  Aquí entonces un primer aprendizaje desde la RS para los NI: La necesidad de contar con un código de ética inclusivo que funcione como primer tamiz para la postulación de empresas que deseen funcionar más inclusivamente y generar procesos que integren a los distintos actores de una forma más equitativa. 

Del lado de los NI se han generado aprendizajes que también deben ser aprovechados.  La presión social por cumplir con un papel más amplio que la generación de valor para los accionistas ha derivado en la proliferación de acciones con impacto social en el campo empresarial.  Esto es correcto y, por el contrario, debe seguirse impulsando, con especial énfasis en sociedades como la latinoamericana, donde la exclusión sigue siendo una problemática muy compleja.  A pesar de esta aseveración, es necesario que las acciones sociales no se desliguen del negocio principal de la empresa, pues cuando esto sucede automáticamente son susceptibles a dejarse en segundo plano.  El sector empresarial es, primordialmente, generador de riqueza y no debe ser distraído de este fin sino enfocado correctamente para que esa riqueza generada se logre a partir del respeto al ambiente sin comprometer la capacidad de sociedades futuras para satisfacer sus propias necesidades bajo las mismas condiciones que hoy lo hacemos nosotros.  La lección entonces apunta hacia la profundización de la relación empresa comunidad para luego pasar a la amplitud de resultados que generen valor para ambas. 

Como menciono al principio de este texto, comparar NI con RS es una tarea compleja ya que ambos conceptos siguen evolucionando.  Categorizar uno dentro de otro puede ser apresurado y se puede correr el riesgo de dejar factores clave fuera del conjunto de acciones en común que ambos enfoques comparten.  Categorizar un concepto como mejor que el otro también sería una conclusión inapropiada dadas las ventajas que cada uno ofrece como alternativa para aportar hacia el desarrollo sostenible de nuestras sociedades.  El debate queda abierto.