Mayo 8, 2009 — 01:16 pm
¿Cómo transformar un sector… tradicional? El caso del comercio detallista en América Latina
Tuve la oportunidad de asistir hace unos días al cierre de un novedoso programa de desarrollo empresarial llamado "La Pulpería de mi Barrio". Se trata de un programa piloto que promueve FUNDES en Costa Rica, junto con la Municipalidad de San José y el Banco Nacional de Costa Rica. El objetivo es transformar a la pequeña tienda de barrio en un modelo de negocios que le permita mantener una posición en el mercado, frente a las nuevas tendencias en la distribución, el comercio y en los patrones de consumo de la población.
El programa piloto cubrió 25 pulperías (como se les llama a las tiendas de barrio en Costa Rica), brindándoles formación básica en gestión empresarial y acompañamiento experto en merchandising, gestión comercial, orientación al cliente, estrategia de negocios y ahorro de energía, entre otros. El programa igualmente contempló la renovación de góndolas, mejoras en la distribución interna, mejoras en la pintura externa, nuevo material promocional, utilización de uniformes distintivos y adquisición de tecnología. El Banco Nacional de Costa Rica, dotó a los establecimientos con módulos de comunicación que permiten que los ciudadanos puedan realizar más de 200 transacciones electrónicas. No es de extrañar que uno de los microempresarios participantes expresara "ya no tengo un negocito, sino una empresa"
El programa es la réplica de un programa que inició en México (con los gobiernos federales y estatales) hace cuatro años, donde se han cubierto 1,000 establecimientos y este año se plantea cubrir 1,000 más. El programa ha logrado incrementos de ventas de 31% en promedio y 150 nuevos empleos que no se esperaban en la primera etapa. En Costa Rica, se buscan nuevos socios para llevar el programa a 1,000 establecimientos, mientras que se hacen negociaciones para arrancarlo en Bolivia y en El Salvador. La meta es alcanzar 20,000 establecimientos en América Latina en los próximos cuatro años. Este compromiso fue presentado en la asamblea 2008 de la Clinton Global Initiative.
Detrás de este programa hay una estrategia para transformar sectores tradicionales, donde se concentra buena parte de la estructura empresarial de América Latina. El comercio detallista de alimentos y productos de consumo básico, es un buen ejemplo. Los datos del caso mexicano ilustran su importancia. Con cerca de 800,000 establecimientos (pequeñas tiendas de abarrotes), no existe otra rama de actividad económica que concentre tantas unidades económicas o tanta ocupación. Baste decir que esta actividad contribuye con el 18% del empleo del sector comercial en ese país. La situación es similar en otros países de la región; algunas estimaciones recientes hablan de más de 1 millón de estos establecimientos en Brasil y 400,000 en Colombia. La misma historia la podemos encontrar en Asía y África.
Confieso que soy un creyente en el potencial de este programa y cualquier otro que busque la transformación de sectores tradicionales en la región. Con frecuencia me descubro hablando de este esfuerzo con colegas, socios y aliados. A veces, el tema ha dado lugar a sesudas discusiones sobre la pertinencia de este tipo de programas. Entiendo que hablar de sectores tradicionales es mucho menos sexy que la tecnología o la innovación, ambos más en boga. Por otro lado, en el caso del sector detallista, algunos argumentan que el pequeño comercio no es eficiente ni en costos ni en precio, lo que conlleva a desventajas al consumidor final, versus el comercio moderno que ofrece variedad y precios bajos. Yo creo que efectivamente el destino de este sector puede ser sombrío si lo imaginamos cómo hoy lo conocemos. Sin embargo, el programa busca una transformación real, una diversificación de su oferta y modelo de negocios.
Los dejo con esa primera inquietud y en los próximos días compartiré con ustedes algunas razones por las que considero indispensable el trabajo en este frente y me siento optimista frente a las oportunidades existentes.
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